El triunfo de la presidenta Cristina Fernandez DE Kirchner ( el DE es importante para un/a peronista, para señalar pertenencia e indicar a quién se le debe lealtad) en la última consulta al padrón electoral (14.08.2011) ratifica, no tanto la continuidad del Poder del Estado, sino la confirmación del "estado del poder" en la Argentina. Por supuesto, es difícil intentar una exhaustiva "radiografía" del poder en el entramado social de la Argentina contemporánea. Pero es una tarea teórica necesaria. Ensayemos aproximaciones.
Foucault, Deleuze, Guatari y otros, han explicado que el Poder político no es una concentración en la que el Estado aparecería como el "único" ejecutante ético de valores que la sociedad promovería o padecería dialécticamente. Para ellos, el Estado, entre otras instituciones, es un dispositivo, una máquina que expresa de un modo temporal, el estado, la circulación, la fluidez de las formas intersubjetivas de ejercerse el poder. El Estado no es más que la expresión del modo hegemónico, dominante, en que se ejerce el poder en las relaciones sociales. ¿Y cuál es el modo común, que subsume otros, de circulación del poder en la Argentina?
Sin rodeos, el paternalismo populista ha calado hondo en las relaciones sociales de la sociedad argentina. Sin duda, el peronismo, sucedáneo de la ofensiva contrahegemónica católica iniciada a fines del siglo XIX contra la modernidad liberal, expresa del mejor modo el espíritu "argento" del bovarismo social. Aquel que deposita en una trascendencia el saldo de la impotencia propia, pura construcción imaginaria de la consciencia desgraciada cristiana. Saldo que se propone "pagar" a través de la sumisión a alguna otredad maquínica. En los tiempos premodernos era la Iglesia Oficial la encargada de la tarea; hoy, y en el caso concreto del giro corporativo del Estado Argentino, impreso en los últimos 70 años, se conformó un Estado "familiar", como "comunidad organizada" que sea capaz de contener la supuesta impotencia de los desfavorecidos. El peronismo es la mejor expresión de ese "bovarismo social", capaz de empuñar la maquinaria estatal con eficiencia; no tanto para forzar la regulación de la libertad predadora, sino para "mesetear" la pobreza, contenerla, "bajo el ala" de un estado paternalista. Ayer fue la Fundación Evita, hoy la supuesta "redistribución de la riqueza" en la forma de subsidios clientelares no transformativos, que sólo estimula el consumo de los fetiches del mercado; muy lejos de una efectiva transformación de las relaciones sociales con justicia social; por el contrario fortalecedores de la estructura social opresiva.
Gracias al "poroto", sojización demencial del espíritu del capitalismo agrario vernáculo, el Estado argentino logra una inmensa recaudación fiscal que luego convierte en subsidios a los grupos económicos, a la banca, entre otros grandes beneficiarios, y lleva adelante una redistribución "mesetaria" de la riqueza para sostener un mínimo consumo, que incluso fortalece a los mismos grupos económicos subsidiados por el otro lado. De un lado o del otro se contiene solo temporalmente la caída de la tasa del plusvalor de las grandes corporaciones económicas y se conserva la impotencia del acceso al consumo inmueble o potente de la mayoría de la población.
Mientras "la familia estatal" provea voy zafando, vamos zafando; sé, sabemos, que poco cambia; me cuesta, nos sigue costando, el acceso a la propiedad necesaria o al trabajo genuino; pero, ya vendrá, pienso, pensamos... un no sé qué. Entonces sigo, sigamos...; apuesto, apostemos a la "conservación" del gobierno; te acordás, nos acordamos, de la crisis en la que nos dejó el neoliberalismo que desmanteló el estado de bienestar argento-peronista anterior.
En los bordes del nihilismo actual y cercano, como intemperie permeable al microfascismo reaccionario; en la nostalgia de un estado de bienestar corporativo y protector, "evitista" o "evitador", que "(E)vita" otras relaciones sociales posibles; se sigue fortaleciendo con prácticas y con votos de "consulta" a un "estado paternalista del poder". Populismo, que muy católicamente se capilariza de abajo hacia arriba, y en el "arriba" del poder se condensa imaginariamente en el liderazgo paternal protector.
¿Quedará la socialdemocracia republicanista como alternativa a ésta trama social esbozada?. "Difícil que el chancho chifle"..., para que "chiflar" (cambiar prácticas, imaginar otras posibilidades), si el orden del patronazgo... de la granja nos convida migajas. Sobre si habrá "rebeliones en la granja"..., esperemos que por esta vez no sean los cerdos sus conductores.
lunes, 22 de agosto de 2011
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Corolario gráfico al post anterior con "pastillita" de sadismo.
Dijimos, en la entrada anterior, que la "nueva gobernabilidad" actúa "desde dentro" de la movilización social, con el objeto de disciplinar y controlar desde la inmanencia de los acontecimientos para desactivar cualquier germen antisistémico.
El artista REP expresa, tal vez, ese sentido en la siguiente viñeta, publicada horas después de la desocupación disciplinada del predio del Parque Indoamericano de Bs. As.:

La "nueva gobernabilidad", el nuevo arte de gestionar las poblaciones tiene por objeto darle un poco más de "hilo de carretel" al capitalismo. Ahora, la gestión política, le exige a los excluidos, a los trabajadores, disciplina y virtud. "Si quieren vivienda, ni se les ocurra tomar propiedad pública o privada", dicen los funcionarios... Vaya paradoja de un estado "nacional y popular" que legitima con institucionalidad y discursos la ajenidad, la separación entre trabajo y capital. ¡Al pueblo se le recomienda virtud, al capital grata acumulación!! Es decir, en terminos marxiamos: la lisa y llana expropiación de un sector por otro. Y eso es bueno, nos dicen, es "nacional y popular".
Donatien Alphonse François (el Marqués de Sade) reflexiona a través de uno de sus personajes libertinos: "...la virtud es útil a los demás (dicen los sofistas del sistema) y en este sentido es buena, ya que si es dado de no hacer más que el bien a los demás, yo, a mi vez, sólo recibiré el bien. Este razonamiento no es más que un sofisma: por el menguado bien que yo recibo de los demás... hago un millón de sacrificios que no me resarcen en nada. Al recibir menos de lo que doy, hago un mal negocio, soporto mucho más daño de las privaciones originadas por el hecho de ser virtuoso...; como el arreglo no es equitativo, no debo pues someterme a él... Queda ahora el mal que puedo causar a los demás por ser ... vicioso, y el mal que yo a mi vez recibiré si todo el mundo se me parece. Admitiendo una completa circulación de vicios, me arriesgo seguramente; pero la pena experimentada por lo que arriesgo es compensada...; y aquí es donde la igualdad queda restablecida, donde todo el mundo, más o menos, es igualmente feliz, lo que no ocurre, ni podría ocurrir, en una sociedad donde unos son buenos y los otros malos, ..."
Clarito. En una sociedad perversa, injusta, obrar virtuosamente es inequitativo para el que obra bien...
Después vendrán los kantianos, los habermasianos para convencernos de los beneficios de la virtud... revolucionaria..., y a darle letra a los políticos que retroalimentarán el esquema: "disciplina, votos nacionales y populares..., si no botas!!!"
La casa está en orden.
El artista REP expresa, tal vez, ese sentido en la siguiente viñeta, publicada horas después de la desocupación disciplinada del predio del Parque Indoamericano de Bs. As.:
La "nueva gobernabilidad", el nuevo arte de gestionar las poblaciones tiene por objeto darle un poco más de "hilo de carretel" al capitalismo. Ahora, la gestión política, le exige a los excluidos, a los trabajadores, disciplina y virtud. "Si quieren vivienda, ni se les ocurra tomar propiedad pública o privada", dicen los funcionarios... Vaya paradoja de un estado "nacional y popular" que legitima con institucionalidad y discursos la ajenidad, la separación entre trabajo y capital. ¡Al pueblo se le recomienda virtud, al capital grata acumulación!! Es decir, en terminos marxiamos: la lisa y llana expropiación de un sector por otro. Y eso es bueno, nos dicen, es "nacional y popular".
Donatien Alphonse François (el Marqués de Sade) reflexiona a través de uno de sus personajes libertinos: "...la virtud es útil a los demás (dicen los sofistas del sistema) y en este sentido es buena, ya que si es dado de no hacer más que el bien a los demás, yo, a mi vez, sólo recibiré el bien. Este razonamiento no es más que un sofisma: por el menguado bien que yo recibo de los demás... hago un millón de sacrificios que no me resarcen en nada. Al recibir menos de lo que doy, hago un mal negocio, soporto mucho más daño de las privaciones originadas por el hecho de ser virtuoso...; como el arreglo no es equitativo, no debo pues someterme a él... Queda ahora el mal que puedo causar a los demás por ser ... vicioso, y el mal que yo a mi vez recibiré si todo el mundo se me parece. Admitiendo una completa circulación de vicios, me arriesgo seguramente; pero la pena experimentada por lo que arriesgo es compensada...; y aquí es donde la igualdad queda restablecida, donde todo el mundo, más o menos, es igualmente feliz, lo que no ocurre, ni podría ocurrir, en una sociedad donde unos son buenos y los otros malos, ..."
Clarito. En una sociedad perversa, injusta, obrar virtuosamente es inequitativo para el que obra bien...
Después vendrán los kantianos, los habermasianos para convencernos de los beneficios de la virtud... revolucionaria..., y a darle letra a los políticos que retroalimentarán el esquema: "disciplina, votos nacionales y populares..., si no botas!!!"
La casa está en orden.
martes, 14 de diciembre de 2010
Maquiavelo, gobernabilidades y Villa Soldati.
L. Althusser en La soledad de Maquiavelo destaca una de las innovaciones teóricas del florentino: en una sociedad en transición, en una sociedad en crisis, la construcción de un nuevo estado (nacional) necesita de un nuevo tipo de soberanía, de un nuevo Príncipe, capaz de configurar una nueva gobernabilidad alejada de la vieja gobernabilidad feudal. Aquella sociedad en transición, del feudalismo al capitalismo, exige, lo advertía Maquiavelo, un nuevo estado en condiciones de "congelar" institucionalmente un nuevo tipo de articulación entre la configuración burguesa en ascenso y los gobiernos.
Maquiavelo sabe muy bien, lee Althusser, que el poder no nace del "lenguaje mítico del iusnaturalismo burgués", sino de la fuerza, de la capacidad de consolidar y legitimar socialmente el poder político. Sabe el florentino que la efectiva gobernabilidad del Príncipe va a depender, en el nuevo escenario de movilización de la incipiente revolución burguesa, de la eficiencia de las "técnicas" de control social de las multitudes en movimiento. Sabe, que para asegurar la nueva gobernabilidad del Soberano, el Príncipe necesita legitimar su externalidad institucional con determinadas artes de gestión de lo público. Por eso, los gobiernos, si quieren sostenerse y reproducir el poder, tienen que tener muy en claro cual es el territorio social en el que van a desplegar las técnicas de dominación, pues dos peligros, dice Maquiavelo, lo acechan: caer en la tiranía y el odio popular. Para evitarlos es preciso "enraizar" el poder en el pueblo; es decir, "maquiavélicamente" dicho: articular y atar eficazmente los sectores sociales relevantes con la institucionalidad gobernante. Esta inteligencia en la gestión y en el arte de gobernar poblaciones, reconfigurando la gobernabilidad, se hace más urgente y difícil cuando las sociedades atraviesan lo que A. Gramsci denóminó: crisis orgánica y no crisis políticas. En estas últimas, en las crisis políticas la activación de los mecanismos consolidados bastan para el control, para la reconducción y la disciplina social. En cambio, en épocas de crisis orgánicas, la sociedad (civil) se desconecta y desfasa de la institucionalidad política, lo que trae aparejado una profunda crisis de legitimidad de las instituciones públicas, y en lo social una diversidad de situaciones que se juegan entre la degradación y la creación potente, capaz de desestabilizar, no dialécticamente, sino afirmativamente el sistema; de ahí lo imperioso de activar una nueva gobernabilidad, en tanto se quiera reproducir y consolidar la configuración social establecida; en nuestro caso: la socialización capitalista. Nuevo "maquillaje" de gobernabilidad, nueva institucionalidad, para una misma matriz de valorización y acumulación privada de capital.
En nuestra época se agudiza la crisis orgánica del capitalismo, arrojando a multitudes enteras por fuera de los mecanismos básicos de "integración" de la socialización capitalista. La sociedad capitalista actual profundiza su incapacidad congénita de exclusión social; no tiene capacidad para asegurar a las poblaciones el acceso a las necesidades y a la apropiación de uso básicas. Por eso nos encontramos en una "sociedad en movimiento", en transición, hacia un incierto futuro que sólo la historia venidera dilucidará.
Por lo pronto, nuestros gobernantes parecen entrever la necesidad de activar nuevas formas, nuevas técnicas, para gobernar a las poblaciones. Los nuevos escenarios sociales exigen nuevas gobernabilidades. No alcanza con las técnicas tradicionales de control y represión social. Los mecanismos tradicionales del disciplinamiento están agotados al agotarse el Estado de Bienestar. Mucho de esto entrevió M. Foucault en su curso "Seguridad, territorio, población". Las elites dominantes comienzan a darse cuenta de la necesidad de una nueva manera de atender los desbordes sociales, para contenerlos, reconducirlos y eventualmente reprimirlos. Comienzan a darse cuenta de la necesidad de controlar la movilización social "desde adentro", desde la inmanencia, ya no alcanza con la externalidad de la fuerza disciplinante de los mecanismos tradicionales de contención e inclusión social. Controlando desde su interior a cualquier movimiento, movilización o desborde social para poner en juego elementos de desactivación de toda posible insurgencia antisistémica. Las vías tradicionales de disciplinamiento social, que hacían uso inmediato de la represión a la menor movilización social ya están agotadas y en gran medida han perdido su legitimidad. Para las "viejas" gobernabilidades estatales toda movilización social debía ser reencausada y ordenada, y, en ocasiones, activaba algunas reformas sociales y un reacomodamiento de la crisis política. Hoy, las nuevas gobernabilidades comienzan a advertir que más bien conviene alentar determinados tipos de movilización social, para activar desde dentro elementos de desactivación de gérmenes antisistémicos y activar elementos de una nueva manera de articular los movimientos con el gobierno y el estado.
En los sucesos que vienen abriéndose paso a partir de la toma del "Parque Indoamericano" en Villa Soldati de la ciudad de Buenos Aires, se advierte el tire y afloje, la disputa, el choque, entre estas dos maneras prácticas de entender la gobernabilidad de las poblaciones. Por un lado, el gobierno de M. Macri preocupado en cuidar las formas de la vieja gobernabilidad, porque considera que con esas prácticas puede medrar y obtener legitimidad de la clase media bonaerense. El viejo estilo conservador popular remozado: gobernar eficazmente y reprimir rapidamente toda movilización social desde la externalidad. Ellos saben que nada tienen que ver con los pobres, ni nada quieren tener con ellos, son algo molesto que hay que disciplinar al viejo estilo. Pero falla el macrismo al no advertir que la sociedad cambió.
Mientras tanto el gobierno nacional, que mejor entiende la necesidad de una nueva gobernabilidad, se "frotó las manos", disfrutando de como fracasaba el viejo estilo. Por eso, al principio del conflicto, entregó a la policia federal como fuerza de choque represiva del viejo estilo. Se alejó del conflicto para dejar mal parado al gobierno de M. Macri. Pero, con el correr de las horas, se dio cuenta que el naufragio del viejo estilo también puede salpicarlos a ellos. Pronto se dieron cuenta que era necesario intervenir en la crisis y activar inmediatamente el nuevo estilo de gobernabilidad, actuando articuladamente con la movilización social para reconducirla y desactivar los gérmenes antisistémicos de la misma.
Hasta ahora, los Kirchner han sido eficaces a la hora de poner en marcha la nueva gobernabilidad, veremos si eso alcanza para hacer frente a la feroz crisis orgánica del capitalismo argentino.
Maquiavelo sabe muy bien, lee Althusser, que el poder no nace del "lenguaje mítico del iusnaturalismo burgués", sino de la fuerza, de la capacidad de consolidar y legitimar socialmente el poder político. Sabe el florentino que la efectiva gobernabilidad del Príncipe va a depender, en el nuevo escenario de movilización de la incipiente revolución burguesa, de la eficiencia de las "técnicas" de control social de las multitudes en movimiento. Sabe, que para asegurar la nueva gobernabilidad del Soberano, el Príncipe necesita legitimar su externalidad institucional con determinadas artes de gestión de lo público. Por eso, los gobiernos, si quieren sostenerse y reproducir el poder, tienen que tener muy en claro cual es el territorio social en el que van a desplegar las técnicas de dominación, pues dos peligros, dice Maquiavelo, lo acechan: caer en la tiranía y el odio popular. Para evitarlos es preciso "enraizar" el poder en el pueblo; es decir, "maquiavélicamente" dicho: articular y atar eficazmente los sectores sociales relevantes con la institucionalidad gobernante. Esta inteligencia en la gestión y en el arte de gobernar poblaciones, reconfigurando la gobernabilidad, se hace más urgente y difícil cuando las sociedades atraviesan lo que A. Gramsci denóminó: crisis orgánica y no crisis políticas. En estas últimas, en las crisis políticas la activación de los mecanismos consolidados bastan para el control, para la reconducción y la disciplina social. En cambio, en épocas de crisis orgánicas, la sociedad (civil) se desconecta y desfasa de la institucionalidad política, lo que trae aparejado una profunda crisis de legitimidad de las instituciones públicas, y en lo social una diversidad de situaciones que se juegan entre la degradación y la creación potente, capaz de desestabilizar, no dialécticamente, sino afirmativamente el sistema; de ahí lo imperioso de activar una nueva gobernabilidad, en tanto se quiera reproducir y consolidar la configuración social establecida; en nuestro caso: la socialización capitalista. Nuevo "maquillaje" de gobernabilidad, nueva institucionalidad, para una misma matriz de valorización y acumulación privada de capital.
En nuestra época se agudiza la crisis orgánica del capitalismo, arrojando a multitudes enteras por fuera de los mecanismos básicos de "integración" de la socialización capitalista. La sociedad capitalista actual profundiza su incapacidad congénita de exclusión social; no tiene capacidad para asegurar a las poblaciones el acceso a las necesidades y a la apropiación de uso básicas. Por eso nos encontramos en una "sociedad en movimiento", en transición, hacia un incierto futuro que sólo la historia venidera dilucidará.
Por lo pronto, nuestros gobernantes parecen entrever la necesidad de activar nuevas formas, nuevas técnicas, para gobernar a las poblaciones. Los nuevos escenarios sociales exigen nuevas gobernabilidades. No alcanza con las técnicas tradicionales de control y represión social. Los mecanismos tradicionales del disciplinamiento están agotados al agotarse el Estado de Bienestar. Mucho de esto entrevió M. Foucault en su curso "Seguridad, territorio, población". Las elites dominantes comienzan a darse cuenta de la necesidad de una nueva manera de atender los desbordes sociales, para contenerlos, reconducirlos y eventualmente reprimirlos. Comienzan a darse cuenta de la necesidad de controlar la movilización social "desde adentro", desde la inmanencia, ya no alcanza con la externalidad de la fuerza disciplinante de los mecanismos tradicionales de contención e inclusión social. Controlando desde su interior a cualquier movimiento, movilización o desborde social para poner en juego elementos de desactivación de toda posible insurgencia antisistémica. Las vías tradicionales de disciplinamiento social, que hacían uso inmediato de la represión a la menor movilización social ya están agotadas y en gran medida han perdido su legitimidad. Para las "viejas" gobernabilidades estatales toda movilización social debía ser reencausada y ordenada, y, en ocasiones, activaba algunas reformas sociales y un reacomodamiento de la crisis política. Hoy, las nuevas gobernabilidades comienzan a advertir que más bien conviene alentar determinados tipos de movilización social, para activar desde dentro elementos de desactivación de gérmenes antisistémicos y activar elementos de una nueva manera de articular los movimientos con el gobierno y el estado.
En los sucesos que vienen abriéndose paso a partir de la toma del "Parque Indoamericano" en Villa Soldati de la ciudad de Buenos Aires, se advierte el tire y afloje, la disputa, el choque, entre estas dos maneras prácticas de entender la gobernabilidad de las poblaciones. Por un lado, el gobierno de M. Macri preocupado en cuidar las formas de la vieja gobernabilidad, porque considera que con esas prácticas puede medrar y obtener legitimidad de la clase media bonaerense. El viejo estilo conservador popular remozado: gobernar eficazmente y reprimir rapidamente toda movilización social desde la externalidad. Ellos saben que nada tienen que ver con los pobres, ni nada quieren tener con ellos, son algo molesto que hay que disciplinar al viejo estilo. Pero falla el macrismo al no advertir que la sociedad cambió.
Mientras tanto el gobierno nacional, que mejor entiende la necesidad de una nueva gobernabilidad, se "frotó las manos", disfrutando de como fracasaba el viejo estilo. Por eso, al principio del conflicto, entregó a la policia federal como fuerza de choque represiva del viejo estilo. Se alejó del conflicto para dejar mal parado al gobierno de M. Macri. Pero, con el correr de las horas, se dio cuenta que el naufragio del viejo estilo también puede salpicarlos a ellos. Pronto se dieron cuenta que era necesario intervenir en la crisis y activar inmediatamente el nuevo estilo de gobernabilidad, actuando articuladamente con la movilización social para reconducirla y desactivar los gérmenes antisistémicos de la misma.
Hasta ahora, los Kirchner han sido eficaces a la hora de poner en marcha la nueva gobernabilidad, veremos si eso alcanza para hacer frente a la feroz crisis orgánica del capitalismo argentino.
martes, 7 de septiembre de 2010
Cambio (subversión) conceptual.
Para algunos, la expresión: filosofía partisana, provoca una sonrisa conmiserativa, una mala adjetivación de algo que debería resguardar sus formas académicas de producción. Para otros, constituye, una "gaya ciencia" intranscendente, y más que intempestiva, patológica.
En verdad, el nombre de este blog, no pretende construir un nuevo concepto, porque su significación es impropia, es pura barricada semiótica.... Quiere sí, afirmar una intención, tal vez la orgullosa pretensión de ir des-atando los lugares comunes del bien pensar tradicional, un hacer tanteando la de-construcción, o mejor destrucción de los fundamentos ontológicos de las formas conceptuales que adopta el discurso político-filosófico contemporáneo, que se trasunta en legitimación de determinadas prácticas políticas.
Intentando "tejer" otra symploké política significativa, capaz de leer mejor la gramática de constitución de las condiciones de producción subjetivas y biopolíticas de nuestro tiempo. Revisar y reveer nuestros pensamientos, nuestros acuerdos conceptuales bienintencionados, tanteando su captura, su "colonización", por aquellos conceptos "totales" que pregonan la renuncia de las potencias singulares en aras de una "mejor" universalidad estatal y disciplinaria. En procura de otro discurso, cautamente desplazado, de la inocencia teológica-política de aquellos que repiten: más inclusión, más estado, más "universalidad comunitaria trascendente"..., de aquellos intelectuales o publicistas, que con displicencia, sacrifican u olvidan rapidamente la particularidad, o la subsumen en un "orden universal" (kósmico) de pronta seguridad sumisa.
Guerrilla semiótica contra el imperio de una trascendencia inintencional que procura la "salvación" de los que "esperan" ser salvados. La partisanía filosófica va exigir el combate contra las "teologías políticas" de la sumisión.
Los "rapidamente ilustrados" viven en la inercia moderna de despachar la quimérica sumisión religiosa; les gusta pasarse prontamente de "bando", haciéndose "laicos" combatientes contra las supersticiones. Pero le hacen un guiño a la "bestia triunfante" de un tipo de pensamiento ilustrado que reivindica la trascendencia "salvífica" y moral de las regulaciones normativas excepcionales, lo que algunos llaman el "estado permanente de excepción".
Por nuestros "pagos" hay mucha tierra fértil para las semillas de la servidumbre voluntaria. El triunfo hegemónico del esencialismo nacional-católico permeó hasta los más insospechados rincones de la contracultura anticapitalista, creando el "antibiotico semiótico" (anti-libertario) que activa la frase: ojo, no seas "gorila"!!!
Al dialectizar, se cae en la propuesta de otra sumisión, ahora menos abonada de metáfora pastoriles pero más extraviadas de las diferencias subjetivas históricamente constituidas.
Conviene desertar de esa dialéctica hacia una producción filosófica capaz de reivindicar la inmanencia de las singularidades.
En verdad, el nombre de este blog, no pretende construir un nuevo concepto, porque su significación es impropia, es pura barricada semiótica.... Quiere sí, afirmar una intención, tal vez la orgullosa pretensión de ir des-atando los lugares comunes del bien pensar tradicional, un hacer tanteando la de-construcción, o mejor destrucción de los fundamentos ontológicos de las formas conceptuales que adopta el discurso político-filosófico contemporáneo, que se trasunta en legitimación de determinadas prácticas políticas.
Intentando "tejer" otra symploké política significativa, capaz de leer mejor la gramática de constitución de las condiciones de producción subjetivas y biopolíticas de nuestro tiempo. Revisar y reveer nuestros pensamientos, nuestros acuerdos conceptuales bienintencionados, tanteando su captura, su "colonización", por aquellos conceptos "totales" que pregonan la renuncia de las potencias singulares en aras de una "mejor" universalidad estatal y disciplinaria. En procura de otro discurso, cautamente desplazado, de la inocencia teológica-política de aquellos que repiten: más inclusión, más estado, más "universalidad comunitaria trascendente"..., de aquellos intelectuales o publicistas, que con displicencia, sacrifican u olvidan rapidamente la particularidad, o la subsumen en un "orden universal" (kósmico) de pronta seguridad sumisa.
Guerrilla semiótica contra el imperio de una trascendencia inintencional que procura la "salvación" de los que "esperan" ser salvados. La partisanía filosófica va exigir el combate contra las "teologías políticas" de la sumisión.
Los "rapidamente ilustrados" viven en la inercia moderna de despachar la quimérica sumisión religiosa; les gusta pasarse prontamente de "bando", haciéndose "laicos" combatientes contra las supersticiones. Pero le hacen un guiño a la "bestia triunfante" de un tipo de pensamiento ilustrado que reivindica la trascendencia "salvífica" y moral de las regulaciones normativas excepcionales, lo que algunos llaman el "estado permanente de excepción".
Por nuestros "pagos" hay mucha tierra fértil para las semillas de la servidumbre voluntaria. El triunfo hegemónico del esencialismo nacional-católico permeó hasta los más insospechados rincones de la contracultura anticapitalista, creando el "antibiotico semiótico" (anti-libertario) que activa la frase: ojo, no seas "gorila"!!!
Al dialectizar, se cae en la propuesta de otra sumisión, ahora menos abonada de metáfora pastoriles pero más extraviadas de las diferencias subjetivas históricamente constituidas.
Conviene desertar de esa dialéctica hacia una producción filosófica capaz de reivindicar la inmanencia de las singularidades.
lunes, 31 de mayo de 2010
A 50 años de la Crítica de la Razón Dialéctica. 1ª Conjetura de lectura.
En 1960, hace 50 años, la editorial francesa Gallimard publicaba el libro de Jean-Paul Sartre, Crítica de la Razón Dialéctica. Tres años después, nuestra editorial Losada hizo lo propio en lengua castellana. La monumental obra intentaba, entre otras cuestiones, dilucidar: ¿Puede la razón (como comprensión de la existencia), con y en el lenguaje, captar, hacer inteligible el sentido alienante de aquellos institutos de control de la praxis social, en tanto totalidades sintéticas de captura (en el caso de que estas existan y atento a cómo existan) de los conjuntos prácticos?
La Crítica de Sartre, más que respuesta acabada, es esbozo y problema de los límites de la reflexión filosófica a la hora de pensar los caminos de la revolución y la transformación social. Sartre sabe, que en la respuesta a la cuestión se juega una noción, una concepción de filosofía. Recupera así, una de las mejores tesis de la filosofía marxiana de la praxis: comprender es hacerse en libertad, inteligir es desobjetualizarse, "curándose" a través de una praxis autoconciente. Y, sabe, que este hacerse transformativo (y comprensivo) es resistente a cualquier captura institucional o idealista de las ideologías racionales y burocráticas imperantes en pleno siglo XX. Enfoca Sartre todos sus "dardos" hacia la filosofía "marxista" que justifica el burocratismo de partido; pura alienación de lo práctico vivo por medio de dispositivos prácticos-inertes trascendentales. En esta alienación de la praxis (burocrática y estatal) la comprensión no se realiza porque el hacerse pierde inmanencia y singularidad autoconstituyente. Por eso Sartre se propone integrar los logros del pensamiento existencialista para la edificación de una racionalidad materialista capaz de hacer inteligible toda la dimensión antropológica de los conjuntos prácticos; racionalidad atenta a las reificaciones que acechan en todo proyecto colectivo.
A modo de homenaje, vaya esta primera conjetura de lectura, revalorizando, por si hiciera falta, a la Crítica de la razón dialéctica como un valioso instrumento de intervención teórica.
La Crítica de Sartre, más que respuesta acabada, es esbozo y problema de los límites de la reflexión filosófica a la hora de pensar los caminos de la revolución y la transformación social. Sartre sabe, que en la respuesta a la cuestión se juega una noción, una concepción de filosofía. Recupera así, una de las mejores tesis de la filosofía marxiana de la praxis: comprender es hacerse en libertad, inteligir es desobjetualizarse, "curándose" a través de una praxis autoconciente. Y, sabe, que este hacerse transformativo (y comprensivo) es resistente a cualquier captura institucional o idealista de las ideologías racionales y burocráticas imperantes en pleno siglo XX. Enfoca Sartre todos sus "dardos" hacia la filosofía "marxista" que justifica el burocratismo de partido; pura alienación de lo práctico vivo por medio de dispositivos prácticos-inertes trascendentales. En esta alienación de la praxis (burocrática y estatal) la comprensión no se realiza porque el hacerse pierde inmanencia y singularidad autoconstituyente. Por eso Sartre se propone integrar los logros del pensamiento existencialista para la edificación de una racionalidad materialista capaz de hacer inteligible toda la dimensión antropológica de los conjuntos prácticos; racionalidad atenta a las reificaciones que acechan en todo proyecto colectivo.
A modo de homenaje, vaya esta primera conjetura de lectura, revalorizando, por si hiciera falta, a la Crítica de la razón dialéctica como un valioso instrumento de intervención teórica.
lunes, 17 de mayo de 2010
La biopolítica del Bicentenario.
El centenario nos encontró con ley de residencia, represión a las organizaciones obreras, "colonización" terrateniente, entre otras cosas, consolidación de la oligarquía conservadora a través del fraude electoral, del más impune terrorismo de estado y la puesta en marcha de algunos dispositivos biopolíticos modernos, que finalmente completaron el radicalismo y el peronismo gobernante.
Hoy, en el Bicentenario la "clase política argentina" sea conservadora liberal o conservadora populista sigue preocupada por re-legitimar la cultura política tradicional, asentada en la representación corporativa de la partidocracia. Desde la última dictadura la militancia política de los partidos tradicionales transitó erraticamente subordinada a la configuración del poder resultante del orden disciplinario abierto por el "Proceso de Reorganización Nacional". El hartazgo popular y el desprestigio de esta dirigencia política vacilante, posibilista y ajustadora se precipitó cuando al zarpazo apropiador de los recursos de la clase media y al ajuste sin fin de los noventa se sumó a la estrategia destituyente del peronismo en la oposición. Esta des-legitimación se veía abonada por el insurgir de nuevas organizaciones sociales y políticas con lógicas militantes francamente alternativas a la representación político-social tradicional y corporativa. Un incipiente anticapitalismo crecía como emergente de las estrategias de superviviencia de los sectores excluidos por las políticas neoliberales de ajuste.
Urgía "modular el control" de estos fenómenos sociales, para la tarea, cierta dirigencia política (duhaldista-kirchnerista) acertó en restaurar un nuevo populismo "progre", capaz de poner en marcha nuevos dispositivos biopolíticos de contención (y de control) social. El objetivo: domesticar, cooptar y reencauzar la insurgencia de los nuevos movimientos sociales, tornar irrelevante su potencia política. Junto a esto y gracias a las fenomenales ganancias de los agronegocios, implementar retenciones a las exportaciones de granos, que afectan sólo a los medianos y pequeños empresarios agropecuarios, y de este modo estabilizar las cuentas fiscales; dejando que el ajuste lo hagan los formadores de precios que succionan el poder adquisitivo de los trabajadores.
En resumen, el esquema propone: contención salarial, ajuste por el mercado, cierto crecimiento económico que beneficia a determinados grupos económicos, estabilización fiscal y, para subordinar a los nuevos movimientos sociales, depotenciar las nuevas lógicas de empoderamiento y autonomía construidas durante los años 90 e inicios de los primeros años de la década.
Estos nuevos colectivos emergieron como estrategias de superviviencia y de la necesidad de nuevas prácticas políticas ante la farandulización menemista de los 90. Duhalde lo anunció, se necesitaba alguien con fachada "progre" capaz de restaurar los modos tradicionales de la cultura política populista-conservadora para contrarrestar las demandas populares y la insurgencia alternativa de los movimientos sociales.
Kirchner puso manos a la obra, su "país en serio" va a poner en marcha nuevos dispositivos biopolíticos, entre los cuales juegan un rol fundamental los planes sociales, procurando "evitar" el crecimiento de la potencia política de los nuevos movimientos sociales; definiendo, más bien, a la población a partir de sus carencias y no desde sus potencias políticas. Atrapando, cooptando, algunas de esas nuevas potencias y reconduciéndolas al campo práctico del hacer político representativo tradicional. Depotenciando lo nuevo subterráneo que venía insurgiendo desde las estrategias inmanentes y autoconstituyentes de los sectores populares, que con otras prácticas y otras lógicas de construcción políticas, asentadas en lo familiar-comunitario, en la producción de valores de uso, en la desjerarquización y la horizontalidad.
El bicentenario nos encuentra con políticas de estado que tratan de poner en juego algunos resortes biopolíticos para la modulación y el control de lo alternativo, sin conmover los resortes de la estructura de poder existente. Además, se apela a la construcción imaginaria mediática de la simbólica contradicción peronista fundante: el enfrentamiento propagandístico con la oligarquía terrateniente. De ese modo, la estrategia kirchnerista binariza un aparente enfrentamiento con la estructura de poder del país, construyendo el polo del progresismo posible. Al remozar la simbología peronista y actualizarla con ingredientes de la llamada "transversalidad" funda la ofensiva material de los planes sociales paternalistas, lo que produce la estancación de los nuevos movimientos sociales y la relativa contención social. Puro "gatopardismo" que no modifica el poder económico, político y sindical en la Argentina. Habrá que esperar al Tricentenario...
Hoy, en el Bicentenario la "clase política argentina" sea conservadora liberal o conservadora populista sigue preocupada por re-legitimar la cultura política tradicional, asentada en la representación corporativa de la partidocracia. Desde la última dictadura la militancia política de los partidos tradicionales transitó erraticamente subordinada a la configuración del poder resultante del orden disciplinario abierto por el "Proceso de Reorganización Nacional". El hartazgo popular y el desprestigio de esta dirigencia política vacilante, posibilista y ajustadora se precipitó cuando al zarpazo apropiador de los recursos de la clase media y al ajuste sin fin de los noventa se sumó a la estrategia destituyente del peronismo en la oposición. Esta des-legitimación se veía abonada por el insurgir de nuevas organizaciones sociales y políticas con lógicas militantes francamente alternativas a la representación político-social tradicional y corporativa. Un incipiente anticapitalismo crecía como emergente de las estrategias de superviviencia de los sectores excluidos por las políticas neoliberales de ajuste.
Urgía "modular el control" de estos fenómenos sociales, para la tarea, cierta dirigencia política (duhaldista-kirchnerista) acertó en restaurar un nuevo populismo "progre", capaz de poner en marcha nuevos dispositivos biopolíticos de contención (y de control) social. El objetivo: domesticar, cooptar y reencauzar la insurgencia de los nuevos movimientos sociales, tornar irrelevante su potencia política. Junto a esto y gracias a las fenomenales ganancias de los agronegocios, implementar retenciones a las exportaciones de granos, que afectan sólo a los medianos y pequeños empresarios agropecuarios, y de este modo estabilizar las cuentas fiscales; dejando que el ajuste lo hagan los formadores de precios que succionan el poder adquisitivo de los trabajadores.
En resumen, el esquema propone: contención salarial, ajuste por el mercado, cierto crecimiento económico que beneficia a determinados grupos económicos, estabilización fiscal y, para subordinar a los nuevos movimientos sociales, depotenciar las nuevas lógicas de empoderamiento y autonomía construidas durante los años 90 e inicios de los primeros años de la década.
Estos nuevos colectivos emergieron como estrategias de superviviencia y de la necesidad de nuevas prácticas políticas ante la farandulización menemista de los 90. Duhalde lo anunció, se necesitaba alguien con fachada "progre" capaz de restaurar los modos tradicionales de la cultura política populista-conservadora para contrarrestar las demandas populares y la insurgencia alternativa de los movimientos sociales.
Kirchner puso manos a la obra, su "país en serio" va a poner en marcha nuevos dispositivos biopolíticos, entre los cuales juegan un rol fundamental los planes sociales, procurando "evitar" el crecimiento de la potencia política de los nuevos movimientos sociales; definiendo, más bien, a la población a partir de sus carencias y no desde sus potencias políticas. Atrapando, cooptando, algunas de esas nuevas potencias y reconduciéndolas al campo práctico del hacer político representativo tradicional. Depotenciando lo nuevo subterráneo que venía insurgiendo desde las estrategias inmanentes y autoconstituyentes de los sectores populares, que con otras prácticas y otras lógicas de construcción políticas, asentadas en lo familiar-comunitario, en la producción de valores de uso, en la desjerarquización y la horizontalidad.
El bicentenario nos encuentra con políticas de estado que tratan de poner en juego algunos resortes biopolíticos para la modulación y el control de lo alternativo, sin conmover los resortes de la estructura de poder existente. Además, se apela a la construcción imaginaria mediática de la simbólica contradicción peronista fundante: el enfrentamiento propagandístico con la oligarquía terrateniente. De ese modo, la estrategia kirchnerista binariza un aparente enfrentamiento con la estructura de poder del país, construyendo el polo del progresismo posible. Al remozar la simbología peronista y actualizarla con ingredientes de la llamada "transversalidad" funda la ofensiva material de los planes sociales paternalistas, lo que produce la estancación de los nuevos movimientos sociales y la relativa contención social. Puro "gatopardismo" que no modifica el poder económico, político y sindical en la Argentina. Habrá que esperar al Tricentenario...
jueves, 25 de marzo de 2010
Fragmento filosófico-político 7.
Los coprófagos del ideario esencialista e idealista gustan predicar la pasividad subordinada, más acorde, dicen, a la perfección del deber-ser moral y político, definen la potencia por el acto-sido y producido, lo ya dado es lo esencial superyoico como deber ser auténtico. Cualquier disrupción es desnaturalización. Se trata de habitar en UN territorio, se trata de reivindicar UNA identidad como núcleo ético-mítico.
Contrario y opuesto ontológicamente se propone el pensamiento libertario moderno. Va a afirmar la potencia del ser en tanto acción "del porvenir". La libertad, antes que anomalía, será entendida como empresa constituyente. Hasta aquí muy burguesa la cosa... Después vendrá la crítica anti-burguesa al afirmar que "la potencia del capital" tiene como fuente el antagonismo de clase y la subsunción del trabajo vivo.
Sin embargo, cierto pensamiento político moderno, arrastrando metáforas pastoriles, detritos de la pasividad, quedan anclados en un universalismo abstracto, depotenciando la auto-constitución de la sociedad civil en la justificación de la autonomía de la política. Cosa que se expresa de diversas maneras: vanguardias iluminadas o representaciones populistas de turno, por ejemplo.
El pensamiento libertario invita a la potencia intencional de los individuos y de los colectivos sin subordinaciones trascendentales.
Al contrario, cuando la constitución política es altamente inintencional se abre "la cancha" para las ficciones totales, para que elites o mafias populistas se encaramen como depositarios de las potencias que alienan.
Claro, el problema teórico-práctico aparece solo: ¿Cómo intencionalizar la constitución política en el contexto de una sociedad de masas acostumbrada a las metáforas pastoriles? La línea de los filósofos italianos contemporáneos nos ayudan a pensar la cuestión (Virno, Negri, etc...)
Pero la cosa no es tan sencilla de resolver en una sociedad como la Argentina que se debate (y no en términos deliberativos) entre algunos "incluidos", gracias a los restos del desarrollismo populista, los "excluidos" que resisten y los "excluidos" capturados por el sistema clientelar del populismo de turno. Este contexto invita más al fragmento que a la articulación...
Contrario y opuesto ontológicamente se propone el pensamiento libertario moderno. Va a afirmar la potencia del ser en tanto acción "del porvenir". La libertad, antes que anomalía, será entendida como empresa constituyente. Hasta aquí muy burguesa la cosa... Después vendrá la crítica anti-burguesa al afirmar que "la potencia del capital" tiene como fuente el antagonismo de clase y la subsunción del trabajo vivo.
Sin embargo, cierto pensamiento político moderno, arrastrando metáforas pastoriles, detritos de la pasividad, quedan anclados en un universalismo abstracto, depotenciando la auto-constitución de la sociedad civil en la justificación de la autonomía de la política. Cosa que se expresa de diversas maneras: vanguardias iluminadas o representaciones populistas de turno, por ejemplo.
El pensamiento libertario invita a la potencia intencional de los individuos y de los colectivos sin subordinaciones trascendentales.
Al contrario, cuando la constitución política es altamente inintencional se abre "la cancha" para las ficciones totales, para que elites o mafias populistas se encaramen como depositarios de las potencias que alienan.
Claro, el problema teórico-práctico aparece solo: ¿Cómo intencionalizar la constitución política en el contexto de una sociedad de masas acostumbrada a las metáforas pastoriles? La línea de los filósofos italianos contemporáneos nos ayudan a pensar la cuestión (Virno, Negri, etc...)
Pero la cosa no es tan sencilla de resolver en una sociedad como la Argentina que se debate (y no en términos deliberativos) entre algunos "incluidos", gracias a los restos del desarrollismo populista, los "excluidos" que resisten y los "excluidos" capturados por el sistema clientelar del populismo de turno. Este contexto invita más al fragmento que a la articulación...
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